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La ruta comienza en el aparcamiento de la estación de esquí de La Covatilla. Importante tener en cuenta que no está permitido subir directamente por las pistas de esquí, así que tomamos el camino que asciende por la parte derecha de la estación, ganando altura de forma progresiva mientras dejamos a nuestra izquierda las praderas que en invierno son pistas esquiables.
Nada más salir, el sendero se adentra en un paisaje abierto de pastos de montaña salpicados de piornos y afloramientos graníticos. Enseguida nos encontramos con uno de los puntos más curiosos y refrescantes del recorrido: una regadera de agua de deshielo que baja canalizada, regando a su paso todos los prados de esta vertiente. El sonido del agua acompaña durante un buen tramo, y en los días calurosos se agradece el frescor que desprende. La pendiente en esta zona es suave y permite caminar a buen ritmo mientras el paisaje se va abriendo a nuestras espaldas.
El sendero va girando poco a poco hacia el sur y la pendiente se acentúa. Abandonamos la zona de prados y nos adentramos en el dominio de la roca desnuda. El camino asciende ahora con decisión hacia el Canchal Negro, una antecima de carácter agreste formada por grandes bloques oscuros de granito, que le dan nombre. No hay una traza única, pero los hitos de piedra marcan la subida más evidente. Alcanzar el Canchal Negro supone un primer gran balcón: desde aquí ya se domina todo el circo de La Covatilla y las cimas que nos esperan.
Desde el Canchal Negro, el recorrido sigue por terreno pedregoso pero más tendido, alternando tramos de bloques con pequeñas praderas colgadas. En este tramo, antes de llegar a la cumbre del Calvitero, se encuentra un vestigio muy especial de la historia de la Sierra de Béjar: los restos del antiguo remonte que existió en esta montaña. Ver sus estructuras metálicas oxidadas y los pilares abandonados impresiona, y da una perspectiva de cuánto ha cambiado la relación de esta sierra con la nieve y el esquí. Es una parada casi obligada para los amantes de la historia y la montaña.
Continuamos y en pocos minutos hollamos la cumbre del Calvitero (2.401 m). Es un mirador excepcional hacia la vertiente norte, con el valle del Tormes a nuestros pies, Béjar al fondo y la llanura castellana perdiéndose en el horizonte. Hacia el sur, las sierras extremeñas y el perfil lejano de Gredos.
Desde Calvitero, el camino continúa por una cresta ancha y sin complicaciones técnicas. Se desciende ligeramente a una horcada y se remonta la última pala que conduce a La Ceja (2.430 m), la cima más alta de este cordal. El esfuerzo final tiene recompensa: la vista desde La Ceja es sencillamente impresionante. Se abarca el circo glaciar completo, el Canchal de la Ceja, la cuerda de El Calvitero hacia el oeste y, al norte, todo el recorrido que hemos hecho desde la estación. Es el lugar perfecto para descansar, comer algo y asimilar el paisaje.
La vuelta se realiza desandando los pasos con cuidado, especialmente en las zonas de pedrera donde el granito puede estar suelto. Volvemos a pasar junto al antiguo remonte y por el Canchal Negro antes de iniciar el descenso final hacia los prados. La regadera de deshielo nos vuelve a recibir en la parte baja, ya cerca del aparcamiento, poniendo el broche sonoro a una ruta circular en lo emocional aunque lineal en el trazado.
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· La regadera de agua de deshielo: un detalle singular que da vida a los prados y acompaña el primer y último tramo de la ruta.
· El antiguo remonte de la Sierra de Béjar: un testigo herrumbroso de la historia del esquí en esta sierra, que sorprende encontrarse en medio de la ascensión.
· Las vistas desde La Ceja: la recompensa visual más completa de toda la jornada.
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· Agua: La regadera no es potable, hay que llevar toda el agua necesaria (mínimo 1,5 litros en verano).
· Protección solar: Altitud y exposición constante, imprescindibles gafas, gorra y crema.
· Calzado: Bota de montaña con buena suela, el granito desgasta y puede resbalar.
· Viento: Muy habitual en la cresta, una cortaviento ligera siempre en la mochila.
· Época ideal: De junio a octubre, evitando días con riesgo de tormentas.
Una ruta con historia, agua de deshielo y tres cimas que resumen el carácter áspero y hermoso de la Sierra de Béjar.
"Sólo salí a caminar y finalmente decidí quedarme afuera hasta la puesta del sol, porque descubrí que salir era realmente entrar."
John Muir